
Me faltaba el aliento y un fuerte dolor fue el que me derruyó en el sofá. Todo se fundió
en negro y la luz al final del túnel pasó a tener nombre de potingue. Sabía que aquella
quemazón iba a acabar conmigo. ¡No vuelvo a comer en casa de mi abuela!
Miradas de canción
Me
tocó, me tocó por detrás, su mano en mi hombro, como había
esperado desde hace tanto tiempo en aquella estación de tren. Todos
los recuerdos volvieron a mí. Habían pasado dos años,
probablemente ella no sería la misma ni yo tampoco, pero para mí
nada había cambiado. Me di la vuelta muy despacio, intentando
mantener ese instante el máximo tiempo posible.
Estaba
tan concentrada haciéndome los deberes que no me dí cuenta de una
cosa: mi casa estaba demasiado silenciosa. Salí pensando que me
encontraría a mis hermanos peleándose como de costumbre, pero no
encontré a nadie.