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| El Parnaso, de Rafael Sanzio |
Categoría A:
1º premio: Un carnaval muy especial, de Alejandro Sevilla, de 1º de ESO A.
Hoy es el día, el día de carnaval. Todas las clases iban vestidas
de algo en especial. Todos teníamos muchísimas ganas de que llegara
este día. Los “profes” preparan un montón de actividades para
nosotros. Todo ha ido bien hasta que ha llegado la clase de los
bailarines, que empezaron a montar un espectáculo en la pista de
voley. Luego los del rock and roll empezaron a tocar alguna
canción. Cuando me di cuenta, había una cola enorme en la cocina
porque la clase de los cocineros estaba preparando algo de comer.
Todo parece muy extraño, pero aún más, cuando la clase de los
leones empezó a perseguir a la de los ciervos o cuando la de los
superhéroes empezó a volar. Todo estaba siendo rarísimo, hasta que
entendí lo que pasaba: yo me había disfrazado de cuentacuentos…
2º premio: No te atrevas a salir, de Estíbaliz Sánchez Cutillas, de 1º de ESO A.
Una noche cualquiera Samuel y su hermano Lucas salieron a tirar la
basura, ya que su madre les había mandado a hacerlo por la tarde y
no lo habían cumplido. De regreso a casa, vieron delante de la
puerta un hombre que iba vestido de negro y con una capucha que le
cubría el rostro. Samuel y Lucas se acercaron a la puerta y cuando
Samuel le intentó pedir al hombre que se apartara, él rápidamente
cogió a Lucas y sacó ua navaja. Samuel no reaccionaba. El hombre
les pidió sus pertenencias, pero ellos le dijeron que no tenían
nada ya que habían salido a tirar la basura. Lucas le quitó la
capucha dejando al descubierto el rostro del ladrón. El hombre, al
verse descubierto, los asesinó en plena calle.
Categoría B:
1º premio: El verdadero ganador, de Aarón Martínez Pelegrín, de 3º de ESO A.
En un rincón del gimnasio, dos pares de ojos se encontraron en un intenso duelo. Juan,
el joven boxeador, se preparaba para su primera pelea profesional. Su corazón latía con
fuerza mientras se ponía los guantes. Enfrente, Lucas, el vigente campeón, sonreía
confiado. El árbitro dio la señal y comenzó la pelea. Golpes rápidos y precisos llenaron
el ring, cada uno luchando por imponer su voluntad. El sudor y la sangre se combinaban
en el aire cargado de adrenalina. Al final del décimo asalto, Juan cayó de rodillas, pero
su fe no flaqueó. Se levantó, listo para seguir peleando y demostrar que el verdadero
ganador no siempre es el que levanta los brazos al final, sino el que nunca se rinde y
persevera.
2º premio: Enfrentando la tormenta, de Hiba Talha Bensaad, de 4º de ESO B
Llegó la hora. Debía enfrentar lo inevitable. Miré por la ventana, viendo cómo las nubes
se acumulaban en el horizonte, anunciando la inminencia de una tormenta. El viento
comenzó a soplar con fuerza, agitando las hojas de los árboles.
Me di la vuelta y contemplé la habitación. Todo estaba en orden, todo estaba listo. Había
hecho las paces con mis seres queridos, había terminado todos mis asuntos pendientes.
No había nada más que hacer, excepto enfrentar lo inevitable.
Cerré los ojos y tomé una profunda inhalación. Podía sentir el miedo en el aire, pero
también sentía una sensación de paz. Había vivido una buena vida, llena de amor y
alegría. Y aunque estaba a punto de enfrentar el final, sentí que estaba listo.
Abrí los ojos y caminé hacia la puerta. Era hora de encarar lo inevitable, con la cabeza en
alto y el corazón lleno de gratitud por todo lo que había vivido. Era hora de salir a la
tormenta.
Categoría C:
1º premio: Ágape, de Elena Miroslavova Dimitrova, de 2º de Bachillerato E.
Pies descalzos sobre el hielo apenas logran sostener mi cuerpo tembloroso. Me tambaleo sin
amparo, perdida en la tiniebla. Mis piernas ceden y caigo sobre la superficie congelada del
lago, ya no me quedan fuerzas para ponerme en pie. Las lágrimas empañan mis ojos
inevitablemente y todo se torna negro.
Un suspiro.
Resuena profundamente en mis oídos y roza mis mejillas como una brisa. Un soplo de aire
que dispersa las nubes, mostrando una silueta envuelta en luz tenue. Cabellos platinos y ojos
grises. Se acerca. Manos delicadas acunan mi rostro pálido, devolviéndole el color. Labios
suaves se posan sobre los míos por un instante, su gélido aliento llena mis pulmones y vuelvo
a respirar. Sonríe dulcemente. Sin embargo, su mano se posa en mi pecho y el pánico inunda
su expresión.
Un latido.
Hace presión y oigo las grietas abrirse bajo mi espalda. El hielo se rompe. Me observa,
aterrorizada y arrepentida.
La luna no debía enamorarse de un mortal.
2º premio: La sangre brotaba, de María Teresa Riquelme Sigüenza, de 1º de Bachillerato E.
La sangre brotaba de sus manos temblorosas, su respiración era agitada. Ya llevaba un par de
horas desaparecida y el mundo ya sabía la gran noticia, el presidente había sido asesinado. La
población estaba furiosa, querían saber quién había matado a su gobernante, querían acabar
con el traidor. Mientras tanto, la joven estaba asimilando lo ocurrido, viendo el arma de fuego
en sus manos, se la veía alterada pero muy satisfecha de su cometido, pues ellos no sabían el
infierno que su ‘‘perfecto presidente’’ le hizo pasar.