al lucernario. Una cristalera que en todo momento interpreté como su escapatoria de la realidad. Creo que jamás podré explicar con certeza lo que ocurrió a continuación. De repente, vi un brillo deslumbrante, que penetró en mí enturbiándome como nada lo hizo
antes. Seguidamente Ella se encontraba en un fulgor nunca antes imaginado. Trataba de escapar como un gato al augurar un seísmo. Traté de transmitirle la calma que le faltaba debido a su exasperación mediante un amable gesto. Entonces sucedió un hecho que me dejo atónito. Oí su voz por primera vez. Todo y cuanto pude entender fue: “Mercy”.
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