El rincón de los lectores del IES Gabriel Miró

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domingo, 28 de mayo de 2017

Huellas del pasado: Chusma

Nos llega esta semana, de manos de Don Javier Murcia, una palabra que usamos con tono despectivo y despreciativo: Chusma. Su origen, como podréis comprobar cuando os asoméis a este acantilado, es bastante distinto al que podría suponerse. 

 Grabado que representa a Don Quijote rodeado por los galeotes
CHUSMA:

La palabra significa en español “conjunto de galeotes” y así se usa en el Quijote: “Al subir don Quijote (a la galera) por la escala derecha toda la chusma le saludó”; procede de la palabra griega κέλευσμα “voz rítmica del cómitre”, sobre la raíz del verbo κελεύω que significa “ordenar, empujar”. Al parecer entró en nuestro idioma por influencia del italiano. El cambio semántico en esta palabra es fácil de explicar: como esos remeros eran personas de clase baja, sin educación, pasó pronto a referirse a “las personas que carecen de modales y suelen tener una actitud soez, grosera o vulgar”.


jueves, 18 de mayo de 2017

Huellas del pasado: Lujuria y egregio

Seguimos con nuestra sección de Huellas del pasado de la mano de Don Javier Murcia. Esta semana nos centramos en dos palabras muy sonoras y con un origen muy distinto al que suponemos por su significado actual. Asomaos lujuriosa y egregiamente a estos nuevos acantilados...

Fragmento de "El jardín de las delicias"
Los romanos eran un pueblo sencillo, práctico y realista; muchas de sus palabras con un significado moral proceden de la vida rural, de palabras usadas por el campesino para designar cosas muy concretas del campo. He aquí dos ejemplos de ello:

LUJO / LUJURIA.

“Lujo”, es decir “la abundancia de cosas no necesarias”, procede del latín luxus, en su origen con esta palabra se denominaba la vegetación que crece espontánea y extravagante y, por tanto, era indeseable para los cultivos. Sobre luxus crearon luxuria que, en principio, significaba “exuberancia” “exceso” y de ahí pasó a tener el sentido de “vida voluptuosa”. Aunque en nuestro idioma “lujuria” ha sufrido un pequeño cambio semántico, todavía podemos ver en el adjetivo “lujuriante” el valor primitivo: “muy lozano y que tiene excesiva abundancia”.

EGREGIO



Esta palabra es otro buen ejemplo; procede del latín egregius y llegó a tener el sentido de “glorioso” o “eminente” aunque en un principio significaba simplemente “separado del rebaño”, pues está formado etimológicamente por la palabra latina grex, gregis “rebaño” y el prefijo e- que indica separación. 

lunes, 15 de mayo de 2017

Huellas del pasado: Sueldo y salario

Seguimos en nuestra sección de etimología con palabras del campo semántico de la economía. En esta ocasión, Don Javier Murcia nos trae sueldo y salario. Su origen, como el de moneda y dinero, nos deparan las sorpresas propias de la evolución etimológica. Os animamos a asomaros a estos nuevos vocablos tan usuales en nuestros convulsos días...

SUELDO: procede del latín tardío solidus, que era el nombre de una moneda de oro; su nombre tenía que ver con su valor “sólido” o “consolidado” (a diferencia de las demás monedas de valor escaso o variable); en la Edad Media siguió siendo el nombre de una moneda cuyo valor coincidía con la paga de un soldado. De hecho, “soldado” es una voz con la que se designa en primer lugar al “mercenario” y solo mucho más adelante al hombre de guerra en general. De todas formas, la palabra soldado se considera un italianismo, pues llega a España a finales del siglo XVI imitando al italiano soldato.

SALARIO: en nuestro idioma es un cultismo latino del siglo XV; procede directamente del latín salarium que estaba formado sobre sal, salis “sal”, la única roca comestible para el ser humano y uno de los elementos más necesario para la vida. Como las legiones romanas pasaban inviernos y veranos sobre las armas, el Senado decidió que los soldados recibieran una paga fija. Esta paga se llamó en un principio salarium porque se les daba para que compraran la sal.

jueves, 4 de mayo de 2017

Huellas del pasado: Moneda y Dinero

Moneda con la efigie del Emperador Augusto
En los tiempos que nos ha tocado vivir, la economía y todo lo que la rodea se ha convertido en algo fundamental para el devenir de nuestras vidas. Con la etimología de las palabras que esta semana nos trae D. Javier Murcia, conoceremos de dónde surgen conceptos que en la actualidad condicionan nuestra existencia. Asomaos al acantilado...de momento, sale gratis.

MONEDA: Esta palabra procede del latín moneta, sobrenombre que se daba a la diosa Juno en su templo de Roma sobre el Capitolio; está formado sobre el verbo latino moneo y significaba: “la que avisa”. La diosa se había ganado ese epíteto en el año 387 a.C. cuando la ciudad de Roma fue invadida por los galos de Breno y los ciudadanos se refugiaron en el monte Capitolio. Según Tito Livio, la diosa “avisó” a los centinelas del Capitolio, por medio del graznido de sus gansos sagrados, de que los galos intentaban el asalto a la ciudadela y de esa manera pudieron rechazarlos. Junto a este templo los romanos instalaron la fábrica de la moneda o ceca. Las piezas acuñadas allí tomaron el nombre de ese lugar y fueron conocidas como “monedas”.

DINERO: procede del latín denarius, el nombre de una moneda romana cuyo valor era de diez ases. La misma palabra latina lo indicaba, pues denarius se había formado con deni “cada diez” relacionado con el numeral decem “diez”. Curiosamente denarius pasó al árabe clásico y de ahí procede la palabra “dinar”, nombre de moneda en diversos países árabes.  

jueves, 27 de abril de 2017

Vuelve "Huellas del pasado"

Tras el necesario parón vacacional, vuelve a nuestro blog la sección de etimología que nos trae cada semana el origen de distintos términos sugeridos por el profesor de griego de nuestro centro D. Javier Murcia. Esta semana nos llega una palabra frondosa y peliaguda. 

Asomaos, como siempre con curiosidad, al acantilado...

MOSTACHO
Esta palabra procede del griego μουστάκιον que es el diminutivo de μύσταξ, “labio superior” y “bigote”. En Época Bizantina los poblados bigotes de los griegos llamaron la atención de los viajeros y esta palabra pasó a Occidente con  este valor. Se la considera en español como un italianismo, pues en aquella época eran los venecianos y los genoveses, grandes comerciantes en el Mediterráneo oriental, los que trataban con los griegos. El italiano mostaccio influyó en todas las lenguas europeas: en francés moustache de donde pasó al inglés mostache; En español está atestiguada en el siglo XVI con el valor de “bigote grande y espeso”.
Curiosamente en español ya se empleaba desde el 1475 la palabra “bigote” que es de origen incierto; tal vez procedente de bi God “por Dios”; era un juramento que se empleaba como apodo para llamar a las personas con bigote; esta expresión vino de Francia, pues hay pruebas de que la moda de llevar bigote llegó a Castilla desde ese país en el siglo XV. 


viernes, 7 de abril de 2017

Huellas del pasado

Con la palabra que os traemos esta semana volvemos a hacer hincapié en lo azarosa y caprichosa que es la etimología. Las palabras, como aves migratorias, pasan por lugares, lenguas y avatares diversos hasta llegar a su definitivo enclave. El ejemplo de esta semana ilustra bien lo que decimos. Asomaos al acantilado, pero sed puntuales...

RELOJ:
Según Corominas, esta palabra entró al español hacia el 1400 procedente del catalán antiguo relotge que a su vez tuvo otra forma más primitiva orollotge. Esta última se acerca más a la etimología de la palabra que es el latín horologium que procedía en última instancia del griego ὡρολόγιον que significaba “reloj de sol”: estaba formada por composición (a la que tanto tendía la lengua griega) de ὥρα “hora” y λέγω “contar”. Los griegos fueron grandes aficionados a los relojes de sol y luego los romanos siguieron esta costumbre; de todas formas su exactitud era muy discutible como podemos concluir por la frase de Séneca: “es más fácil poner de acuerdo a los filósofos que a los relojes”.

En español se adaptó la palabra del catalán como *reloje cuyo plural es “relojes”; precisamente de aquí, del plural, se sacó el singular por analogía: “reloj”.

jueves, 30 de marzo de 2017

Huellas del pasado

Ámbar, uno de los referentes originarios de electrón
La etimología es una caja de sorpresas mayúscula. Como ejemplo, la palabra que os ofrecemos hoy, electrón, término científico donde los haya, pero que tiene un origen algo alejado del mundo en el que hoy concebimos esta palabra. Asomaos al acantilado, con cuidado, no vayáis a electrocutaros.

ELECTRÓN:
Esta palabra deriva del latín electrum, que proviene del griego ἤλεκτρον
En el mundo antiguo significaba una aleación de oro y plata; esta aleación se daba de forma natural en la naturaleza; son famosas las monedas de electrón que se acuñaron en Asia Menor donde había ríos auríferos, como el Pactolo, donde se hallaba esta aleación natural. Con esta palabra los griegos también se referían al ámbar, un material que les era extraño pues procedía de países remotos del Norte. Seguramente se usó esta misma palabra porque el color era parecido.
W. Gilbert
Los griegos se dieron cuenta de la fuerza de atracción del ámbar si se frotaba con la ropa; William Gibert filósofo y médico inglés (1544-1603) fue un pionero del estudio científico del magnetismo y acuñó en su obra De Magnete (1600) un término nuevo en latín, electricus, para referirse a la propiedad de un objeto que es capaz de atraer otros objetos más pequeños tras haberlo frotado contra algo.
En español el diccionario distingue dos palabras: “electro” como “ámbar” y “aleación de oro y plata”; y “electrón” como “partícula elemental con carga negativa”. Esta última palabra es un neologismo moderno: electron fue introducido por el físico irlandés George Johnstone Stoney en 1894. La acentuación española se debe a la influencia del francés, que tiende a acentuar en la última sílaba.