El rincón de los lectores del IES Gabriel Miró

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jueves, 16 de marzo de 2017

Categoría A: "Repostería a toda máquina"


REPOSTERIA A TODA MAQUINA

Hola, soy Quique, trabajo en la pastelería de mi padre, pero lo que os quiero contar es una cosa que nos pasó cuando cumplí los 16 años.

Exactamente a las 6:30 de la mañana mi padre se levantó, porque a pesar de ser mi cumpleaños era un martes normal y corriente, y se puso a preparar los encargos del día, pero nada más encender la amasadora todas las máquinas de la tienda se encendieron y de repente los pasteles más ricos aparecieron delante de él y tanto ruido me levantó de la cama y corrí hacia donde se encontraba mi padre

Al final resultó ser que la vecina del quinto piso había pagado a unos reposteros con estrellas michelín para que le hicieran pasteles para la comunión de su hijo y se habían caído por el conducto de el aire acondicionado, aunque nunca sabremos porque se encendieron las máquinas.

lunes, 13 de marzo de 2017

Categoría C: "Etraes"

Etraes

Y entonces, se giró, se giró recordando cada uno de los insultos que le había dicho, recordando todas las veces que por su culpa se había hecho polvo los nudillos.
Se dirigió hacia ella temblando de nervios, o quizás de toda la furia reprimida aquellos años.
Y entonces, se dejó ir.
Para Etraes todo pasó muy rápido, ahí estaba, haciendo lo que nadie pensó que ella hiciera. Descargando su rabia contenida en la cara de esa chica.
La chica que un día lo fue todo para ella, y la misma que la empujó al precipicio.
Dos golpes fueron suficientes para que tocara el suelo. El primero, directo a la nariz, el segundo, debajo de la barbilla.
-¡Nunca más te atrevas a decir que soy débil! ¡Nunca! –pronunció finalmente Etraes, mirando a la que yacía en el suelo.
Y antes de que la gente corriera hacia ellas en auxilio, Etraes ya se había ido. Ya que a pesar de todo, los recuerdos estaban clavados en su mente, y esclava de ellos, las lágrimas amenazaban con salir.
Y ella nunca lloraba en público.



Categoría B: "La ceguera de algunos"

                                         
LA CEGUERA DE ALGUNOS
 Mis ojos me pesaban. No podía abrirlos. Lo intentaba pero, nada. Escuchaba sollozos a lo lejos, escuchaba disparos, y también discusiones. Mientras más andaba, más oía esos sollozos y, mis ojos, me pesaban más todavía.

No podía abrirlos, sentía agobio, ira y desesperación. No sabía cómo hacerlo. Alguien me tocó el hombro, no me giré, me quedé de piedra, no sabía qué era lo que estaba pasando, ya que, no podía ver nada. 

Su voz, grave y adulta, interrumpe mis pensamientos:



-¿Tú tampoco puedes abrir los ojos?



Me giré y le dije:



-No, señor. ¿Por qué me pasa esto?



-Porque no quieres ver la realidad en la que vivimos.



 En eso, intento abrir los ojos, no sé cómo pero lo conseguí.

Me desperté y pensé en ello. Era verdad, no quería ver la realidad.

 No quería ver el infierno en el que vivimos, pero no podía dejar de verlo. 



Categoría B: "La pesadilla"

                         
Silenzio, de Füssli
 LA PESADILLA
  Volví a casa con el rímel derretido, dando al descubierto mi verdadera faceta.

“¿Por qué?” Me preguntaba una y otra vez. 
Mis manos llenas de sangre, al igual que mi blanco e inocente vestido de novia. 
Me senté en el sofá, limpiando mis lágrimas en el vestido. Mis manos temblaban incontroladamente.

  Pensaba en qué debía hacer cuando, de pronto, oigo sonar el móvil. Fui a por él mientras intentaba relajarme antes de responder:


     —¿D-diga?



    —…

  Cuelgan el teléfono, dejándome con la duda de quién podría ser.
Pensando en lo ocurrido, algo me llama la atención en la pared: una mancha de sangre la cual se hacía grande cada vez más. Agitada, me giro hacia la puerta de salida, pero, de pronto, me quedo helada:


   —¿Tú? P-pero si tu ya no existes, ¿c-cómo es posible?
   

   —No soy yo el que no existe, querida viuda.


Categoría A: "Recuerdo de la infancia"

Recuerdo de la infancia


En aquel instante, se abrió la puerta y apareció ella, mi amiga del alma, esa con la que había compartido tantas tardes jugando en el parque y de la que tenía un recuerdo muy especial. Estaba deseando contarle todo lo ocurrido desde que se marchó a Nueva York y, sobre todo, hacerlo recorriendo nuestros lugares favoritos de la infancia. Mi amiga parecía tan contenta e ilusionada como yo. Cuando fui a abrazarla, ya con los brazos en el aire, advertí que no era ella; en realidad, no había nadie, y todo había sido una ilusión. Pero seguía con la esperanza de reencontrarme con ella algún día y retomar nuestra amistad.

"Amor nocturno", Categoría C

Amor nocturno
            La habitación estaba casi a oscuras. Nuestros protagonistas se encontraban sentados en el sofá mirándose fijamente, sin decir nada.
            Él quería decirle todo lo que sentía, pero solo podía contemplar sus bonitos ojos azules con el deseo de poder verlos cada noche ya que ella vivía en una casa de ricos y él en una triste casita de madera. No había razón para que ella le quisiera.
            Pero en realidad ella sentía lo mismo que él. Se pasaba horas mirando por la ventana con la esperanza de que el apareciera. También quería declararse, pero tampoco podía, sentía que él le rechazaría.
            Alguien estaba abriendo la puerta del salón, lo echaría nada más verlo, era ahora o nunca. Le miró a los  ojos una vez más y por fin le dijo “Miau”.

            Una señora entró en el salón y su furia aumentó al ver a los dos gatos en su sofá.

Categoría B: "El ascensor"

El ascensor

Dahee miró el reloj de su salón. 03:22AM. Decidió que era hora de ponerse en marcha y así lo hizo. Salió de casa y caminó hacia el edificio público más cercano. Sin decir nada, fue hacia el ascensor. Subió y apretó el botón del cuarto piso. Cuando llegó a la cuarta planta, no bajó, y apretó el botón del segundo piso. Después el sexto, el segundo de nuevo, el décimo, el quinto, y por último, el primer piso. El ascensor comenzó a subir hacia el décimo piso en su lugar. Bien. Cuando las compuertas se abrieron, vio un pasillo oscuro, cuyo final presentaba una cruz cristiana, roja y brillante. Salió del cubículo y caminó por el largo pasillo hacia la cruz. De repente sintió una presencia detrás de ella y se dio la vuelta. En ese momento comprendió por qué todos le advirtieron de nunca intentar aquel ritual.